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¿Puede Ulalume venir con nosotros? – Rodrigo Perea

¿Puede Ulalume venir con nosotros?

Rodrigo Perea

The skies they were ashen and sober;
The leaves they were crisped and sere
The leaves they were withering and sere;
It was night in the lonesome October
Of my most immemorial year

-Edgar Allan Poe

Junio

Hoy no salimos al recreo porque de nuevo hay una prohibición ambiental. La maestra nos contó de cuando esto no era común, pero de eso ya hace mucho tiempo. Dijo que ella misma ya había olvidado algunas cosas, por lo que nos recomendó llevar un diario para recordar lo importante antes de que lo olvidemos.

            Han pasado cosas sospechosas en la casa. Mi perrita Bruj se levanta a mitad de la noche a ladrar a la puerta del patio. Cuando me levanto para saber qué hay, nunca encuentro nada. Seguro Bruj tiene un sentido del olfato que le permite oler a las ratas más fácilmente. Le pregunto a Alissa, la inteligencia artificial que administra la casa, pero su respuesta no me dice nada.

           Me cae bien la maestra Mónica, aunque creo que a veces es injusta. Tiene a sus preferidos y a otros a los que odia. Yo estoy en medio porque soy muy lista, pero me gusta pararme a platicar cuando termino antes que los demás. Platico con Toño, quien se sienta atrás de mí; creo que le gusto y eso me pone nerviosa porque no quiero tener novio nunca.

            La escuela antes era divertida, pero desde hace dos meses no podemos salir al patio. Me gustaba juntarme con los niños para jugar futbol, aunque todos se burlaran de mí. Si llegamos caminando a la escuela, siempre tenemos que ponernos las máscaras completas, aunque ya me acostumbré a que todo huela gris y quemado. Mi papá es quien me acompaña a la escuela, se despide con un beso y a la salida me compra algo.

            No tengo hermanos ni hermanas. Bueno, tengo una media hermana, pero ella es mucho mayor que yo y vive en otro país. Mi papá dice que todos deberíamos irnos cuanto antes, pero a mí me gusta la escuela y no quiero dejar a mis amigos ni a Toño. Además, por lo que veo en las noticias, en cualquier país al que vayamos nadie nos va a querer, y las cosas van a seguir igual que aquí. Unos vienen y nosotros queremos irnos. Espero que pronto pueda volver a salir a la calle como en los días normales.

Julio

Creo que encontré una pista. Era de noche y Bruj me sacó de un sueño cuando corrió a la puerta de abajo. En la mañana encontramos un hueso en el patio. Seguramente hay un gato o una rata, le dije a mis papás. Me respondieron que desde hace tiempo no hay animales callejeros, que ninguno soportaba mucho tiempo vivir fuera. No les creo porque a veces he visto perros solitarios por las calles y gatos que se esconden debajo de los autos para mantenerse calientitos.

            En la escuela sólo hacemos tonterías para perder el tiempo porque los maestros no saben qué más hacer. Nos dicen que copiemos párrafos de los libros porque vendrán en el examen. Yo de lo único que tengo ganas es de salir a correr o jugar, pero no sé si podré volver a hacerlo.

            Una noche tuve miedo porque creí que alguien estaba en la azotea y quería entrar a la casa. Me quedé callada escuchando el silencio hasta que noté cómo algo crujía. Luego oí un llanto y recordé el hueso, estoy segura de que un gatito quiere entrar. Hoy le dejaré algo de comida, sobras de la casa, para que desayune.

            En la mañana desperté temprano y escuché un maullido que venía del patio, aunque no podía ver nada. Me asomé por la ventana del baño de arriba y también maullé. Me respondió de inmediato. Bajé corriendo al patio trasero pero seguía sin haber nada. Entonces subí la escalera de la azotea, maullando, y la encontré. Tiene los ojos verdes y es tricolor: negro, blanco y amarillo.

            Mamá dice que es alérgica y que además Bruj no se llevaría bien con ella, que pelearían todo el tiempo porque se gruñen y ya la ha rasguñado un par de veces. Le digo que puedo averiguar cómo hacer que se lleven bien, seguramente no es tan difícil. Intento convencerla de que, aunque Bruj a veces ladre con ansia o curiosidad, terminarían llevándose bien. La alergia de mamá sigue apareciendo cuando está afuera.

Agosto

Creo que la llamaré Ulalume. Es el nombre de un poema que papá a veces recita en voz alta cuando cree estar solo. No sé qué significa pero me gusta cómo suena. Ulalume —Ula para los amigos— baja al patio, aunque intenté construir su casita en la azotea, debajo del tinaco y a un lado del calentador solar. Ahí hay un pequeño espacio en donde podría dormir y comer. Desde la azotea se alcanzan a ver las demás casas de la colonia. Mi papá me contó que hace treinta años aquí eran terrenos baldíos, pero empezaron a construir casas muy rápido en la zona porque se hizo muy barato imprimirlas en una máquina gigante y luego ensamblarlas. Todas están hechas de paredes pálidas, casi grises, como el cielo. No debería estar mucho tiempo afuera ni tampoco Ula, pero por ahora no puede entrar a la casa.

            Le pregunto a Alissa sobre los gatitos como Ula. Algunas cosas no me las responde, pero a veces encuentro cosas interesantes. Por ejemplo, algunos gatos esconden su comida o le ponen trapos encima, como hace Ula, para que a sus depredadores no los atraiga el olor. Mamá dice que está gorda. No le creo. Por las ansias con las que busca comer, se ve que ha pasado hambre. No me atrevo a preguntarle más a Alissa sobre cómo sobreviven los animales callejeros.

            Convencí a mis padres de adoptar temporalmente a Ula mientras encontramos un lugar en donde pueda vivir. Le compré una caja de arena rota con mis ahorros, pero no sabe usarla. Por ahora ella se queda en el patio trasero y Bruj vive dentro de la casa. Es la única forma en la que pueden convivir, pero hay algo que me preocupa más. En las calles se están haciendo jaurías, parece que solamente de esa manera logran sobrevivir. Una vez, mientras caminaba para encontrarme con Toño, vi cómo uno de esos perros enormes destrozaba con una mordida a uno más chico e indefenso. Había un montón de vecinos ahí, pero ninguno supo qué hacer. Además, dicen que son perros contaminados y algunos les tienen miedo. Le pregunto a Alissa qué hacer para separar una pelea entre perros y gatos.

            No me gusta tener que ir tan temprano a la escuela. Camino con papá mientras apenas amanece. Veo un gatito que sale por debajo del zaguán de un vecino, detrás de él aparece una gatita de los mismos colores; debe ser su madre. Papá detesta usar las mascarillas cuando caminamos pocas calles. Pienso que debería convencer a mis papás de llevar a Ula al veterinario para asegurarnos de que está bien, pero no tenemos dinero para eso. Me siento nerviosa y no estoy segura de por qué.

            Ha pasado un mes desde que Ula llegó a la casa. En la escuela se lo platiqué a mis amigos. Toño me dijo que es de buena suerte cuando un gato te elige como familia y me recomendó que le dijera eso a mi papá para que me dejara adoptarla definitivamente. Le respondo: Sucede que mamá es alérgica a los gatos, pero Toño asegura que ya todos siempre tenemos gripe.

Septiembre

Estaba en mi cuarto jugando en la computadora cuando Ula empezó a maullar. Creí que tenía mucha hambre porque casi gritaba. Pensé en ir más tarde, pero Bruj empezó a ladrar y correr en el cuarto de mis padres. Cuando entré, Ula se estaba trepando en la ventana del segundo piso. Bajé corriendo al patio para alcanzarla desde las escaleras que suben a la azotea. Pensé que tenía miedo o que quería entrar a la casa para no estar sola. Me senté a leer en la computadora, ella estaba muy inquieta, temblaba y no dejaba de maullar. Ahora es obvio pero entonces le pregunté a Alissa. Dijo que la señal evidente era una secreción amarilla. No había nadie más en la casa. Acompañé a Ula al patio con una caja y una toalla que tomé del guardarropa. Me quedé para acompañarla. Comprobé lo que había leído en algunas páginas: las gatas se comen la placenta para que el olor no atraiga a depredadores y porque no tienen fuerzas para buscar más comida.

            Sólo fueron dos gatitos; eso pasa en raras ocasiones. Toda la noche creí que faltaba un tercero, que estaría atrapado, pero no. Todavía no abren los ojos y durante semanas se alimentarán únicamente de Ula. Mis padres no dicen nada pero sé que me van a dejar adoptarlos por ahora. Sólo debo cuidarlos y vigilar que Ula no se aleje mucho para que no corra peligro.

Ya han abierto los ojos y empiezan a comer solos. Sandy es más tranquila, gris con zapatitos blancos. El otro es güero y más travieso, le puse Coronel Raymundo Melchor. Antes se quedaban todo el tiempo en su caja, pero ahora saltan y corren por las plantas del patio. Ula empieza a maullar, se pone nerviosa cuando no sabe dónde están, quiere protegerlos todo el tiempo. Toño vino a verlos. Nos tomamos fotos con ellos. Espero llevarlos un día a la escuela.

            Hoy, a la hora de despertar, me asomé por la ventana que da a la calle y vi un gato muerto en el suelo. Por la tarde ya lo habían cubierto con cal. Al regresar de la escuela había otro en la esquina. Fueron las jaurías. Me quedé viendo a aquel gatito sin dejar de pensar que podría haber sido Ula.

            Un día caminando hacia la escuela, mamá y yo nos encontramos con una vecina amiga suya. Mamá le había contado sobre Ula y ella le dijo que la cuidemos mucho, porque las jaurías mataron a su gata; quién sabe hasta dónde la fueron a dejar. Luego me entero de que ya son más de diez gatos en total. Se me ocurre que llamemos a la perrera. Esa no es la solución, me dicen mis padres en la cena.

Sandy y el Coronel Melchor están a salvo en el patio. Pero en las noches Ula sube a la azotea para buscar el baño y quién sabe qué haga. He pensado que un día podría no volver. Todo sería más fácil si estuviera dentro de la casa y no exponiéndose en el exterior. O sería mejor si todos pudiéramos escapar de su depredador.

            Bruj y Ula se llevan peor desde que la mamá tiene que cuidar a sus gatitos. Se miran y sospechan una de la otra.

            La vecina nos propone que ella podría llevarse a Ula a su pueblo porque allá casi no hay gatos y la gente los aprecia, los cuidan y los utilizan para espantar a los roedores. Pienso que nadie cuidará a Ula como yo, aunque allá podría vivir más libre que en un patio trasero.

En estos dos meses he visto a siete u ocho gatos destrozados en el pavimento gris y cubiertos de cal.

            Sandy y el Coronel ya comen solas. Se la pasan al acecho y escondiéndose debajo de la lavadora. Cuando las cargo para acercarlas a mí, siento sus corazones acelerarse por el miedo. Le temen casi a cualquier sonido, pero aun así brincan y rasguñan todo. Parece que juegan, pero en realidad están entrenándose como ninjas. Hasta yo le temo más al exterior que ellos.

            Mis papás dicen que podríamos adoptar a Ula si la esterilizamos, pero para eso tendría que ahorrar todos mis domingos durante mucho tiempo. Dicen que pronto volverá a estar en celo y si está todo el tiempo afuera, paseándose en las azoteas, no podemos permitir que vuelva a tener gatitos. Parece que la única opción para que sobreviva sería que se la lleven muy lejos de aquí, al campo, donde los gatitos son cazadores y no presas fáciles.

Octubre

Ayer desperté muy tarde, después del mediodía. A veces me siento muy cansada luego de estar mucho tiempo afuera. Vi unas cajas de cartón agujeradas en la sala. Me asomé de inmediato al patio de atrás. Ula no estaba. Llegó mi papá con la cara que pone siempre que va a decirme algo que no me gustará. Sólo pude lanzarme a su barriga y abrazarlo mientras lloraba y le preguntaba, casi gritando, dónde estaban, por qué se los habían llevado sin avisarme para despedirme. Me explicó que los vecinos tuvieron que irse muy temprano, que no quisieron despertarme y que así fue más fácil. No pude dejar de llorar. Me la quitaron sin siquiera poder abrazarla y decirle que la iba a visitar cada que pudiera, dentro de poco.

            En la tarde, cuando estuve más calmada, fui a casa de los vecinos. Su hijo mayor se había quedado y fui a dejarle el plato de comida y algunas croquetas que nos habían sobrado. Me dijo que se llevaron a Sandy y al Coronel, pero que Ula era una gata muy rebelde y no dejó que la metieran en la caja de cartón, que la mordía y destrozaba en cuanto la encerraban. Entonces la vi, estaba ahí, hecha una bolita debajo de la mesa. No se la habían llevado. La llamé y salió de su escondite. No podía dejar que se la llevaran de nuevo.

            Conseguimos un veterinario que esterilizará a Ula por muy poco dinero. Alissa me dijo que como los animales domésticos son tan difíciles de cuidar, casi se han vuelto un lujo. Pero hemos tenido suerte. La operación fue muy rápida, aunque hubo que ir a un lugar lejano. Cuando regresamos, estaba muy cansada. Me quedé dormida apenas entré a la casa. Ula se quedará por ahora en la cocina, mientras se repone de la operación.

            Las clases se han suspendido indefinidamente. Los días son color humo, cenicientos. Toño me envió un videomensaje. Me dijo que se va a cambiar de casa, porque sus papás ya no quieren vivir aquí. Me prometió que me grabará mensajes cada semana. Me sentí mal desde que fuimos al veterinario. Tengo mucha temperatura y he vomitado varias veces. Mi papá me pone trapos húmedos en la frente. No tengo fuerzas para cuidar a Ula, pero las dos nos recuperaremos al mismo tiempo.

Creo que pasaron tres días. Hoy mi papá me levantó muy temprano, aún no amanecía. Me dijo que nos iríamos, había conseguido un pasaje para los tres de último momento, incluida Bruj, que es la adoración de mamá. Sólo podemos una mochila con pocas cosas. Lo miro y él lee mi pregunta antes de que la diga, y yo siento su respuesta al ver sus ojos:

—¿Puede Ulalume venir con nosotros?

Rodrigo Perea (Ciudad de México, 1997)

Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas. Ganó el premio de Poesía Joven de la UNAM en 2022 con el libro Postales desde el fin del mundo. Tarotista, además de investigador del mundo de los sueños, registra sus experimentos y experiencias en el blog: memoriasonironauticas.wordpress.com. Realiza coleccionismo virtual en archivoastral.tumblr.com. Ha publicado crónicas en la revista Saposcat (Chile), un ensayo en la revista Weird Review (Panamá) y poesía en Canibaal (España), en Universo de Letras y en Página Salmón (México).